Alguien, no puedo recordar quién, dijo que "soñar no cuesta nada" y me parece que tenía razón, ahora bien, hay veces en las que esta afirmación no es del todo cierta, sobre todo cuando el sujeto en cuestión se sumerge en el mundo onírico con los ojos más abiertos que una tienda de chinos en puente.
¿Nunca te has sorprendido a ti mismo pensando en lo que haces ahora? No hablo precisamente de estar leyendo esta chorrada, sino de visualizar en panorámica tu lugar en el mundo y esa misión de vida que aún tienes por cumplir, para luego terminar imaginando una vida en la que trabajas en lo que te gusta, lo disfrutas y por añadido vives de eso, ¡oh que vida maravillosa! Y no, no tienes por qué avergonzarte por hacerlo, al menos yo no lo hago y puedo estar pecando de naif.
Escribir por escribir es cosa de los mortales, gracias a ello tenemos historia e historias, pero escribir a la vez que sueñas ¡Es algo mágico! Casi parece cosa de alquimistas. Y no, no soy poco modesta ni me considero erudita por escribir lo que me pasa por la cabeza en la madrugada, y en lo particular a la vez que sueño me preparo como puedo y con lo que tengo a mano, porque tengo la firme convicción de que todos los días hay algo por aprender, algo por crear y algo en lo que creer.
Cuando entré a la universidad 9 años atrás, no tenía idea a lo que me enfrentaba, el panorama era el siguiente; una adolescente de 17 años plantándole cara a una de las etapas más alucinantes y enriquecedoras de su vida, viendo desde la academia y con mucho método la forma de escribir con sentido, de transmitir mensajes de valor a las masas y lo más importante: escuchar lo que el público tiene que decir.
La universidad me enseñó mi profesión, pero también a ir más allá y es así como aquí me tienen a un océano de distancia de aquel maravilloso lugar.
Puedo dar fe que soñar y hacerlo en grande da resultados, solo necesitas paciencia y resistencia como combustible y por si se te olvida tener siempre presente que soñar no necesariamente tiene que significar quedarse dormido.
Corría el año 1969, y un hombre de academia, psicólogo de la Universidad de Standford llamado Phillip Zimbardo decidió plantear una teoría de la que muchos hemos oído referencias, basándose en un experimento mitad descabellado, en su momento, mitad fascinante. Este experimento consistía en dejar dos coches abandonados, uno en una zona humilde y otro en una urbanización de clase alta, el primero de ellos claramente resultó ser objeto de vandalismo en muy pocas horas, en cambio el segundo no -en principio-, así nació la famosa "Teoría de las ventanas rotas". Luego de unos días, los investigadores rompieron uno de los cristales del coche abandonado en la urbanización, en pocas horas este estaba igual que aquel que fue abandonado en el barrio pobre. Y esa es mi versión resumida del experimento, ese que concluyó que "un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación".
Pero yo hoy quiero ser la que se arriesgue con una teoría, resultado de un día de ardua limpieza del piso donde vivo ahora mismo, no hay experimentos, solo observación y un tiempo prolongado con mis propios pensamientos... Se trata de la teoría de los cristales limpios.
Si una ventana, a medida que pasan los días, acumula el polvo y la suciedad del exterior en su superficie sin que nadie dedique tiempo a limpiarla periódicamente con esmero y con las herramientas adecuadas, la consecuencia inmediata será la formación de una capa de inmundicia que dificultará que los rayos de luz pasen al interior de la casa. Pero eso no es todo, también ocurre que si alguien se atreve a mirar de dentro hacia afuera probablemente no consiga ver con claridad lo que hay al otro lado del cristal y si lo hace, solo percibirá una imagen distorsionada de la realidad.
Pongamos esto en situación, tú y tus ventanas, tú frente a la vida, tus afectos, tus sueños, tu inspiración, tu motivación, son esas herramientas que te ayudan a mantener tus cristales pulcros, libres de toda impureza, aunque por el otro lado estén los tragos amargos, las pérdidas, decepciones, desencantos y pensamientos negativos que te los empañan y no permiten que la luz del sol entre ni que puedas ver con claridad el exterior.
Con esto no quiero decir que se fácil limpiar esos cristales, pero sí que tiene que se una obligación, solo por ti y para ti.
Después de un día de tormenta con viento muy difícilmente los cristales permanezcan limpios, pero para solucionarlo solo debemos ponernos "manos a la obra", cuanto antes mejor, ya que limpiar cristales que tienen prolongado tiempo a merced de los factores externos, sucios y descuidados, será un trabajo que requerirá de mucha paciencia, créeme.
Pasará el tiempo y verás que el trabajo de limpieza merece la pena, es mucho mejor que dejar que se ensucien tus cristales hasta el punto en que la luz ya no pueda entrar jamás. Te recomendaría limpiarlos paulatinamente, un poquito cada vez, como trabajo de hormiga, como la gota de agua que al final termina agrientando la roca.
Limpia tus cristales en 15 sencillos pasos:
Habla, con quien quieras, de lo que quieras, pero hazlo.
Prohibido pensar de más.
Invierte tu tiempo ocupándote y no preocupándote.
Rodéate de la gente que te impulsa y te inspira.
Dile al del espejo ¡Eres la/el mejor! (Y convéncete de ello)
Come bien, cosas que nutran tu cuerpo y tu alma.
Ve al parque con frecuencia, observa a las personas y respira aire puro.
Crea algo a diario (una receta nueva, vale).
Ríete mínimo 3 veces al día.
Abandona tus sentimientos de culpa.
Aléjate de lo que te hace daño.
Siempre ten presente a tu familia.
No gastes energía en situaciones que escapan de tu control.
A las personas tóxicas, evítalas.
Y por último pero no menos importante... Agradécele a la vida, al universo, a Dios una nueva oportunidad: HOY.
Limpia tus cristales y así entrará la luz entre y podrás mira con claridad todo lo que te espera afuera.
Era un día extraño, de esos que pasan sin que te des cuenta, de nuevos comienzos. Venía de viajar 8 horas por carretera en un autobús que funcionaba a medias, junto a mi mamá y mis dos hermanos, teníamos como destino una ciudad conocida, pero un destino y un futuro totalmente inciertos.
Tenía 13 años, el día anterior había celebrado lo que sería mi último día del niño, comiendo carne en vara, entre juegos y paseos a caballo, al estilo llanero, recuerdos de mi infancia y de aquel pueblo donde crecí.
Llegamos a Caracas, y grande fue nuestra sorpresa cuando al cruzar el umbral de un apartamento de pocos metros cuadrados, pero con el suficiente espacio para un hogar, encontrarnos contigo, el regalo que la vida (y mis padres) nos entregaron junto a la siguiente frase: "...Para que aprendan desde ya a cuidar de alguien con responsabilidad".
A donde iba, ibas tú también, dentro de un morral de tela amarilla deslavada, metido allí no eras más que un montón de pelo, de escasos 5 kilos. Siempre me aseguraba de sostenerte bien, cerquita del corazón, como quien lleva a un niño frágil y pequeño, hasta que creciste como los tuyos y en el bolsito no cabía más que tu cabeza.
Esto ya lo sabías, pero apenas te vi por primera vez, inquieto y juguetón como eras, te amé. Te amé cuando ladraste por primera vez aquella madrugada, incluso cuando me hacías pasar vergüenza delante de desconocidos, a los que te encantaba saltarles encima y darles tremendos sustos.
Tus bocadillos preferidos se salían de lo corriente, vaya que eran inusuales, los muebles de madera, la carne para mechar -cruda- del almuerzo, la tubería del lavamanos, los lentes para leer de mamá o el carnet del trabajo de papá ¿Recuerdas? Ninguno se escapó de la fuerza inclemente de tus dientecitos, aquellos que muchas veces me sonrieron al llegar a casa.
Crecí y tu lo hiciste mucho más rápido, por cada año que pasaba, siete se sumaban a tu cuenta. Te vi madurar y convertirte en un adulto, pero con el espíritu de un pequeño cachorro. Las caricias en la panza y las horas de peinado eran tu debilidad, no pasaba un día en que no recibieras el inmenso amor que día a día crecía en los corazones de quienes tuvimos el honor de conocerte.
Te llevamos de viaje, al principio viajar en carro te ocasionaba mareo, tenemos varios pantalones de testigos. Conociste el mar y la arena, la disfrutaste tanto que apenas la viste le caíste a mordiscos, y lo disfrutaste, las olas te daban miedo, les ladraste en señal de protesta por su movimiento incesante y ellas en venganza fueron tras de ti y saliste corriendo despavorido.
Así como las incontables risas, los regaños también estuvieron presentes, claro que sí, aunque tu "can rebelde" interno muchas veces hiciera caso omiso de ellos. Con el tiempo te volviste un señor disciplinado, ¡incluso te ganaste el privilegio de salir a pasear sin correa!
Y sí, creo que te enamoraste, y no una, si no varias veces, es que eras un galán de pelo dorado y alma de oro, noble y honorable como los caballeros de las historias que siempre me han gustado leer. Tu inteligencia no tenía igual, con sólo una mirada transmitías infinidad de sentimientos y comunicabas más que el mejor orador de todos los tiempos.
Compartías tu comida con los pajaritos que bajaban de El Ávila, quienes venían todas las tardes a la terraza por su merienda y cuando conseguían la taza vacía hacían sonidos en señal de reproche, imagino que te reclamaron muchas veces haberte comido todo, pero lo que no sabían es que algunos días amanecías con un apetito voraz.
Hoy tengo 23 años, y quiero pensar que tuviste una buena vida, que siempre nos amaste por nuestra verdadera esencia y de forma incondicional. De lo que sí puedo tener la certeza, es que tu naturaleza jamás te permitió guardar ninguno de esos feos sentimientos que nosotros los humanos nos empeñamos en albergar.
Quiero que me perdones por no haber hecho lo suficiente, por dejar que el implacable cáncer te alejara de mi lado poco a poco. Quiero que sepas que hubiese hecho cualquier cosa para evitar todo ese sufrimiento, también quiero que sepas que todas las noches que me acosté a tu lado, a acariciarte y a peinarte para que olvidaras el dolor, me pesan en el alma, porque siento que pude haber hecho más.
A partir de ahora, el helado sabor a mantecado tendrá un sabor diferente, tal vez un poco amargo, o quizás salado por culpa de las lágrimas, pero jamás dejará de ser mi favorito.
Esta tarde la taza está vacía, ya no está en el lugar de siempre, la terraza está silenciosa porque los pajaritos de El Ávila no vendrán más ¿Y para qué? Si ya no tienen a quién reclamarle la falta de comida.
"Los perros son ángeles que en vez de alas, Dios les dio cuatro patas y vinieron al mundo a enseñar amor". Y como a ti te faltaba una patita, Dios decidió que era el momento de darte un par de alas, seguro ya estás en alguna nube dejando que todos allá te rasquen las orejas ¿Verdad que sí?
Siempre te tendré conmigo, pero esta vez no será en un morral deslavado, sino dentro de mi pecho como un talismán de amor.
Las aguas parecen calmarse, la costa se divisa de a ratos, aunque no sabemos si sólo es un espejismo producto del bamboleo de la cubierta. El sol se asoma en el oriente, tenemos la confianza de que pronto estaremos a salvo de esta vorágine que por poco nos hace naufragar.
La velas están intactas, el inclemente tifón que diezmó la estructura de la nave en horas más oscuras no las ha rasgado, a Dios gracias. Jamás me he acostumbrado al ir y venir de las corrientes marinas, el olor a la salitre es lo único que me calma las entrañas y la llovizna salada que se levanta de la superficie del océano refresca mi piel y tranquiliza mi espíritu.
Así me imagino el pasar este año, como un viaje a bordo de un navío cruzando el mar, pero de la forma en que se hacía hace 5 siglos o más, a merced de las condiciones dictadas por la naturaleza.
Mes 1:
Luego de dos años sin ir, recibí el año en Zaraza, con mi familia, en ese lindo lugar apartado, en el que crecí, mi pueblo.
Me permití recordar a aquellos que debieron estar y no estuvieron.
Mes 2:
El cáncer cruzó la puerta una vez más, esta vez afectó a quien llamo mi hijo, mi pequeño canino fiel. Tomé la decisión de amputar una de sus patas. Ahora Mantecado camina con tres, sobrevivió. Sin darme cuenta siquiera me gradué y soy licenciada. Vi a jóvenes luchar por su futuro y morir por este país. Yo quise participar, salí a la calle y le corrí a las bombas lacrimógenas. Me corté la melena, y la doné a los niños con cáncer. No quedó espacio para la celebración. Empecé a escribir en este blog.
Mes 3:
Despedí a buenos amigos que abrieron alas en búsqueda de sus sueños, de su propio destino.
Hice nuevos amigos.
Me descubrí poderosa en dimensiones en las que realmente ignoraba que tenía poder.
Nuevos y muchos retos saltaron al camino.
Rechacé ofertas, muchas.
Me postulé para estudiar fuera de Venezuela, abandoné el proceso por incertidumbre y miedo.
Meses 4,5 y 6:
Por poco me pierdo en un torbellino de emociones burlando el paso del tiempo e ignorando retazos de memoria.Me equivoqué, y lo volví a repetir.
No aprendí a bailar flamenco.
Prendí una gran fogata en la playa, de noche, llevando un vestido largo y tomando ron.
Empecé a ver Game of Thrones, la serie y los libros se volvieron mi vicio.
Aprendí el significado de la palabra spoiler y a usar Torrents.
Empecé a dar clases de maquillaje.
Hice dieta y fui al gimnasio, esporádicamente.
Me ascendieron.
Meses 7 y 8:
Empecé a ser mejor en lo que ya soy buena.
"Maté tigres", en el sentido figurado.
Fui más de una vez a la iglesia.
Vi a amigas muy queridas comprometerse, casarse, tener hijos, graduarse, irse...
Conocí la ciudad de Buenos Aires-Argentina, y no bailé tango, en respeto inconsciente a una promesa.
Gracias a ese viaje me propuse ahorrar, en serio.
Puse mi meta lejos del sitio en el que nací, muy lejos.
Mes 9:
Lloré y reí ebria y tuve que sufrir con la resaca.
Dejé de preocuparme de más y de aferrarme a las cosas y a las personas.
Empecé a ver lo bueno en mí.
Mes 10:
Fui por primera vez a un juego de béisbol criollo, Caracas-La Guaira.
Vi a un hermano irse de casa, también lo vi volver.
No celebré mi cumpleaños.
Extrañé a mucha gente.
Mes 11:
Fui elegida candidata idónea para una beca de estudios, dicha beca fue aprobada.
Acompañé muchos corazones rotos, además de este.
Me endeudé con el banco, para bien.
Mes 12:
Una hermana del alma me dio el honor de prepararla para el día más importante de su vida y de estar a su lado.
Pensé y me preocupé mucho, en exceso.
Hice compras de las que me arrepiento.
Empecé a redecorar mi cuarto y no lo terminé.
No renuncié a mi trabajo, cuando lo pensé y lo decreté más de una vez.
Fui por primera vez a Mérida, buscando nieve.
No subí al tepuy Roraima, pero lo haré, al igual que subiré al Pico Bolívar.
Me reencontré (virtualmente) con un buen amigo del colegio, luego de muchos años sin tener contacto, somos los mismos.
Esta sustancia aurífera, cristalina, que observo detenidamente a través de una fina capa de cristal bohemio, desprende un ligero aroma que revela una mezcla de madera con frutas y ha decidido manifestarme una serie de hechos o "epifanías".
1 Nada es eterno. 2 Somos vulnerables. 3 Es imposible no doblegarse ante el Ello. 4 El alcohol nos induce a estadios de la consciencia no explorados muy a menudo por nuestro Yo racional ¿Tal vez la victoria del Ello? 5 Por más que tratemos de cambiarlo, el paso del tiempo es implacable con lo tangible y lo etéreo. 6 Hay borracheras tristes, alegres y poéticas.
"To love at all is to be vulnerable"
C.S. Lewis
Libando de este Chardonnay argentino, pisando la delgada línea entre la consciencia y la inconsciencia solo puedo afirmar que el vino es un elíxir de doble filo, te hace sentir poderoso y desvalido al mismo tiempo.
"Hay amores que se vuelven resistentes a los daños
Como el vino que mejora con los años
Así crece lo que siento yo por ti.
Hay amores que se esperan al invierno y florecen
Y en las noches del otoño reverdecen
Tal como el amor que siento yo por ti..."
Aquí estamos, una vez más viéndonos de frente. Es casi una década, el tiempo se ha ido volando ¿No crees? Parece que fue hace apenas unos días cuando pasábamos el tiempo como niños, jugando, riendo, despreocupados del futuro y siendo felices. Crecimos y estamos aquí.
Lo que me trae acá, yendo al grano, no es más que poner sobre la mesa una afirmación tácita, una sentencia que ya ambos conocemos.
Tu inteligencia, consideración, atención y ambición son dignas de admirar, sobre todo cuando dichas cualidades ven la luz, ya que no cualquiera tiene el privilegio de ver tu lado espléndido. Puedes conseguir lo que quieras y a quien quieras, tu sabes que lo puedes conseguir.
Mereces tener una compañera perfecta, a la cual cuidar, proteger, apoyar... A la que será tu mundo, tus buenos días y buenas noches... A esa que hará que tu corazón lata rápido, que hasta parecerá que se saldrá de tu pecho... A la que querrás hacerle el amor, suavemente, con delicadeza, con delirio, con adoración, frenéticamente... Y con amor.
Admiración, eso sentirás por ella. Mientras, te escribirá los versos más hermosos, las poesías que le salgan del alma, serás su inspiración, y sentirás orgullo por ella así como ella de ti y de tus logros, de tus hazañas heroicas y de las que no lo son tanto. Te amará a la luz y a la sombra, se aferrará a tus defectos y día a día sostendrá tus virtudes.
Te pido, que cuando la encuentres no la dejes ir. Lucha, plántate firme y sosténla en tus brazos, hazla sentir segura y a salvo...
La última de tus preocupaciones debe ser lo que piense el resto del mundo, incluyéndome. El amor no se reprocha, el sentimiento sincero y real no se juzga.
Hace muchísimo tiempo, demasiado temprano, supe que mi destino era transitar todos mis caminos en soledad, supongo que a eso se deben muchas de las cosas que han sucedido desde entonces... Dirás que soy joven, pero de quedarme alguna esperanza, aunque sea sólo un poco, no recuerdo dónde le perdí el rastro.
Para finalizar, te pido dos últimas cosas:
Primero, si lloro, no me consueles ni sientas lástima, puedes estar seguro de que mis lágrimas no son de amargura.
Segundo, no digas nada luego de leer esto, no me juzgues... Permite que me retire, los pensamientos se aprecian mejor en el silencio.
"... Y se me ocurrió que los sueños que se hacen realidad
nunca sacian la voraz ambición humana,
porque siempre pensamos
que podríamos volver a hacerlo todo mejor." The Fault in Our Stars
John Green
Aunque fuese lo que más deseaba en todo el mundo, no pudo enderezarlo, no logró suprimir esas curvas irregulares que le quitaban gracia a su aspecto, que afeaban su apariencia - imponente, pero alterada.
Decidió empezar desde cero, hacerlo de la forma correcta, aunque la metamorfosis significara un proceso de autodestrucción en exceso doloroso, la muerte de sus antiguos ideales.
Pero jamás se permitió olvidar aquella forma maltrecha y sin belleza, por ello conservó el recuerdo tangible y cercano de su equivocación, el rastro del mal camino andado, la muestra de lo no acertado. Creemos que es fácil hacer retoñar ramas nuevas, no es así.
Ahora lo veía, entendía la naturaleza de sí mismo, desde esa opulencia que le otorgaba su postura ahora erguida en el bosque, dichoso.
¿Qué tan cierto es que "árbol que nace torcido, nunca su rama endereza"? Si al final, cada quien escoge su propia vía, eso es algo que ni la mismísima muerte puede impedir.
La oportunidad de hacerlo bien jamás se extinguió.